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La panza de los filósofos. Sade o la pasión alimentaria

Los deseos y placeres, muchas de las veces, son hasta satanizados, sobre todo los placeres del cuerpo: esa máquina de pasiones hecha de deseos. Son siempre catalogados como impulsos primitivos promotores de actos disipados y poco o nulamente apegados a la razón. Más claro se observa cuando que son dispuestos en el lugar de los detonantes de actitudes licenciosas. En tal sentido, a pesar de la naturalidad de estos, se permiten si son dirigidos y sin consentir su desbordamiento.

Pero, si estos son pulsiones naturales en los hombres ¿por qué deben ser vistas como vicios? Tal pregunta fue pensada, no de manera literal, por el Marqués de Sade o divino marqués, como le llaman sus más fieles seguidores, quien veía que las conductas descritas como pecaminosas o criminales eran, como ya dijimos, naturales consecuencias, inherentes a las pasiones naturales del hombre y al ser naturales estas son buenas y no son practicadas, más por puritanismo.

El marqués de Sade, representa otra cara de la Ilustración, esa época en la historia de la filosofía que se ejemplifica con la frase aquella de Kant:

“La ilustración es la liberación del hombre de su culpable incapacidad. La incapacidad significa la imposibilidad de servirse de su inteligencia sin la guía de otro. Esta incapacidad es culpable porque su causa no reside en la falta de inteligencia sino de decisión y valor par a servirse por sí mismo de ella sin la tutela de otro. ¡Sapere aude! ¡Ten el valor de servirte de tu propia razón!: he aquí el lema de la ilustración.”

Así pues, actuar y pensar de acuerdo con una razón libre para elegir; en tal caso, para Sade, elegir por placeres lascivos es razonable y natural pues si la Naturaleza nos otorga cualquier deseo, ese deseo y nada de hecho por ésta puede ser pernicioso, ni existe otra guía de conducta más fiable.

Ahora bien, la idea de Sade implica siempre la superabundancia del placer y para ello hay la necesidad de expandirlo, para hacer esto posible entra, en ayuda del divino marqués, la alimentación, pues esta, para el libertino, “es un argumento para la expansión de los deseos y los placeres”, de acuerdo con lo que dice Michel Onfray. Un ejemplo de lo dicho es una frase del marqués “Sin la embriaguez y la glotonería, el gozo no sería tan completo.” Esto es admisible si se piensa que en Sade la nutrición está, como todo en este mundo, supeditada al sexo, dado que resarce el gasto de energía sexual, por ejemplo, el divino marqués diría: “El desayuno debe ser abundante, pues ha de reparar los desgastes de la noche.”

Por consiguiente, el libertino gustaba de intensificar el ardor de la lujuria por medio de la comida, es sabido que utilizaba afrodisiacos para encender el placer entre sus amantes; de hecho, se cuenta que el marqués organizó una orgía en Marsella, para el evento decidió utilizar un fortísimo afrodisíaco conocido como cantárida. Para hacerlo pasar por desapercibido, y al ser fácil mezcla con la comida o bebida, decidió que fuera en la cena donde utilizarlo.

Asimismo, en pro de la una mayor excitación el marqués era propenso al gusto de alimentos que pudieran ser untados para después lamer o beber, degustarlos de la copa de un cuerpo, como: vino, chocolate derretido, cremas. Delos postres favoritos del libertino tenemos los feddes, bizcochos dulces rellenos de mermelada y flan; con aspecto similar al de las partes íntimas de la mujer.

En muchas líneas escritas por Sade se puede encontrar referencia a la comida, la mayoría de las ocasiones en sus libros, como antecedente de las orgias se ponderaba un banquete de gran abundancia, pues, “la abundancia de comida prepara bien para el amor, y mejor si es excitante,” dice el divino marqués. Por ejemplo: 120 días de Sodoma es un relato referente a un gran banquete donde la violencia y la lujuria son el postre. Es así, ya que “después de los placeres de la lujuria… no los hay más divinos que los de la mesa.” Puesto que “resulta tan ridículo decir que la castidad es una virtud, como afirmar que lo sería privarse de comer.”

Ricardo Paredes Prior
Cofixal

Colegio de Filosofía de Xalapa

Colegio de Filosofía de Xalapa

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