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Gobiernos de AMLO o Anaya son un riesgo: Meade

José Antonio Meade, candidato de la coalición Juntos por México (PRI-PVEM-NA), explicó en una entrevista exclusiva con Político.mx su preocupación respecto a las propuestas de sus rivales, así como abordar la renovación del PRI. También planteó como espera enfrentar la crisis de seguridad que vive México. 

Claudia Ruiz Massieu dijo a Politico.mx que la confianza es su principal desafío. ¿Cómo la van a recuperar?

Es un proceso de confianza que se empezó a reconstruir desde agosto, cuando se tomó la decisión transformadora de hacer equipo con alguien que no tiene militancia. Hay un problema que tienen los partidos y gobiernos: se ha perdido cercanía y confianza. Debe recuperarse para que México salga adelante. Solo un país con unidad puede pensar en su destino y futuro. La posibilidad de abrirse de puertas y ventanas, tanto en la presidencial como en lo personal, permite reconstruir esa confianza. 

Jóvenes son un sector clave en esta elección. ¿Cómo capturarán ese voto que suele ser anti sistémico?

Trabajando con ellos en todas las trincheras. Empezamos en la Cancillería, donde lanzamos el programa Proyecta 100 mil. Queríamos que 100 mil jóvenes pudieran prepararse en Estados Unidos. Eso implicó convocatorias, involucrarlos, y el programa fue exitoso. Eso les servirá en lo personal y en que regresen a México con esa preparación. 

También en Sedesol me tocó un trabajo bien importante con jóvenes, que eran actores de la transformación y al mismo tiempo sujetos de derecho. Crédito joven, Poder Joven, seguridad social para los jóvenes, y descubrimos que lo crucial era cómo se informaban. Nos dimos cuenta que la mitad de los jóvenes no sabían qué derechos tenían, como a la salud. Así que hicimos campañas de difusión. Eso nos dio la oportunidad de entender cómo comunicarnos con ese sector y saber qué queríamos lograr con los jóvenes.

¿Pero cómo se traduce eso en que apoyen esta candidatura?

Haciéndoles ver que los entendemos, que sientan que sabemos qué quieren de nosotros. Quieren educación, pero una que les permita hacer sus propios proyectos; que sepan que sabemos cuál es su realidad, a lo que aspiran y los retos que enfrentan.  

Uno aprende de sus errores. Nosotros nos equivocamos en un programa. Teníamos información de muchos jóvenes que estaban abandonando la secundaria, y decidimos motivarlos vía el futbol. Hicimos torneos y el equipo que ganara se iría a España. Pero cuando los fuimos a buscar nos dimos cuenta que cada uno de esos jóvenes estaban enfrentando grandes desafíos personales.

Nadie en México deja de estudiar y trabajar. Esta idea de los ninis no existe. Cada joven se está rompiendo el alma. Es una tragedia que podemos prevenir con un trabajo mucho más cercano. El que habla de los jóvenes como ninis, que habla de ellos sin haber trabajado con ellos, no los entiende. Los jóvenes necesitan sentirse motivados. Ese diálogo cercano de comprensión y conocimiento hace que las propuestas les resuenen. Y valoran la preparación y el esfuerzo.

Entonces, ¿Por qué no fueron a la Ibero?

Hemos ido a muchas universidades; no decidí no ir, estamos buscando cuándo podemos ir. Hemos estado en tecnológicos, en otros lugares.

¿Cuál es su cálculo de cómo pueden remontar?

Estamos en un buen momento. El relanzamiento del partido oxigenó y entusiasmó, el segundo debate fue bueno y puso un buen ambiente. Lo vemos en nuestras mediciones, algunas en segundo, otras no, algunas incluso mejor, pero todas tienen en común que estamos en un buen momento y traemos buena dinámica. Uno quiere que su mejor tercio sea el último, y que el mejor momento sea el 1 de julio. 

Esta es la campaña que se siente eterna, porque hemos visto a Andrés Manuel caminar por cuatro años, pero es la más corta constitucionalmente. Estamos en la tercera parte de la campaña y es cuando la gente está poniendo más atención, es el momento de la gran oportunidad para que sepan quienes somos y qué representamos. Así podrán votar por una opción de futuro y seguridad.

Esta ha sido la campaña más sangrienta de la historia, y el PRI ha sido el partido con más víctimas. ¿Cuál es su lectura de esta violencia política?

Iría un paso atrás. México tiene un problema brutal de seguridad. Que se expresa en varias dimensiones: la violencia vinculada con el crimen organizado, la violencia de género, y la violencia selectiva, orientada a políticos, a comunicadores, a defensores de derechos humanos, a mujeres. Estas violencias exigen una estrategia diferente. Pero todas parten de la misma premisa: algo cambio en la delincuencia organizada que le dio otra escala, y nosotros no hemos hecho desde los gobiernos un cambio correspondiente.

La delincuencia organizada estaba muy vinculada con el narcotráfico, con cuidar las líneas para llevar las drogas a Estados Unidos. De repente pasó de una línea a un abanico, y empezó a meterse en huachicoleo, extorsión, trata de personas. Eso le dio una escala de operación distinta y nosotros no reaccionamos ni prevención ni en disuasión, pero sobre todo en investigación.

En México investigamos solo 3 de cada 100 denuncias. Si no podemos mandar la señal al ciudadano y al delincuente que cada denuncia será investigada, y que resultará en un castigo, no vamos a solucionar el problema de seguridad.

¿Y cómo se mejora ese sistema de investigación?

Primero, reconociendo la escalada de la delincuencia organizada. Es absurdo que no tengamos un código penal único, que el homicidio en la Ciudad de México no se define igual que en Jalisco. Esta visión de un México de que el delito depende de dónde se comete en lugar de cómo se comete, hace que la delincuencia opere en todo el país y ala autoridades limitadas a su circunscripción geográfica. Con un código penal único sobre los delitos que implican violencia tendríamos capacidad de una agencia federal de investigación y ahí sí tiene sentido hablar de mandos únicos, de capacitaciones nacionales, de mejorar los ministerios públicos, por tener la una misma base de trabajo.

El PRI se ha visto más plegado a la campaña, como se vio con el apoyo de Miguel Ángel Osorio. ¿Cómo se percibe eso al interior?

Es que vamos a ganar y eso se percibe. Es una campaña en que se percibe el entusiasmo, una campaña que captura la imaginación de los ciudadanos.  Esa ha sido la señal y ahí la importancia de la relación (del partido) con la campaña. Se ve un priismo ávido de triunfo, queriendo demostrar lo que representa. El PRI se transformó para tener una candidatura ciudadana, y el relevo (del presidente del partido) nos permitió definir qué queremos que sepa la gente de nosotros. Que las mujeres sepan que vamos por seguridad social en el trabajo doméstico, estancias, guarderías, primarias, becas para terminar la preparatoria. Hoy estamos caminando juntos y esa ha sido el avance que tenemos.

¿Cómo se llevará la relación con Estados Unidos con un presidente como Donald Trump?

Se lleva con diálogo, no podemos renunciar al diálogo

¿Incluso con alguien que dialoga por Twitter?

Incluso con alguien que dialoga por Twitter, sobre todo en ese caso; no nos podemos esconder en la frontera. Lo que está en juego, para nosotros y ellos, es cómo va a ser Norteamérica en adelante. Norteamérica es nuestra casa, la de nuestros migrantes, tenemos temas de agua, comercio, seguridad.  Necesitamos un diálogo respetuoso y firme. En que se ponen límites y se actúa en consecuencia. Pero una relación tan completa y compleja como la que tenemos con EE.UU. no se agota en el ejecutivo. Fui secretario de RREE y sí administramos la relación con algunos países europeos. Pero la relación con EE.UU. es de tal profundidad, que se lleva todos los días a nivel de alcaldes, gobernadores, migrantes… 

¿Cuál sería su actitud respecto a Venezuela?

Es un tema interesante, ya que no se tocó en el segundo debate, en el que se habló de comercio internacional y no se habló de ningún país. Venezuela es un ejemplo de lo que no queremos. Empezaron a tomar malas decisiones y violan derechos humanos. Ahí, México tiene que hablar públicamente, pero con la ciudadanía.  México ayudó a Venezuela en los momentos más difíciles entre la oposición y el gobierno cuando era canciller. Desde entonces la situación del país se ha deteriorado en lo económico y en lo político.

¿Corre México el riesgo de seguir ese camino?

Las elecciones son históricas y tienen consecuencias. Vamos a votar por persona y plataforma, y la plataforma se volverá programa de gobierno. Venezuela era parte de la Gran Colombia. Eso quiere decir que hay una identidad histórica entre los países que lo conformaban. Y se puede ver como las decisiones dentro de esos países fueron conformando su desarrollo. Venezuela era el más próspero, con grandes reservas petroleras. Hoy tiene menos ingresos de los que tenía en 1966 y Colombia el doble. Colombia le apostó a la inversión, al comercio, a la infraestructura; Venezuela a cerrarse, a reducir las libertades. Pasaron de prosperidad a pobreza.

¿Cuál es tu postura respecto al aborto, matrimonio igualitario, uso de la marihuana?

Empecemos por las drogas. Ya no es un debate de seguridad, al menos respecto a la marihuana, esa vinculación entre marihuana y seguridad ya no se da; se debe debatir en el espacio de la salud, adicciones, algo distinto a pensar que su legalización ayuda a la seguridad.  Yo soy una persona de valores, de fe, pero también de respeto. 

¿Estarías a favor de descriminalizar el aborto?

Estoy a favor de la vida. De manera clara, me parece que debe discutirse en los espacios, pero que en esa reflexión tengo mi postura. Debe discutirse en las distintas legislaturas de los estados.

¿Ahí no habría código penal único?

No, eso es solo para los problemas vinculados a la violencia.

¿Matrimonio igualitario?

Soy de valores y creo que la estructura familiar tradicional tiene ventajas, y hay que fortalecerla, sin detrimento del respeto, pero si trabajamos en construir esos nuevos espacios de estabilidad me parece positivo.

¿Cómo imaginas un gobierno de López Obrador o de Anaya?

No los imagino y me preocupan ambos. Me preocupan por sus ideas y propuestas, y por igual. Si uno revisa la propuesta económica de Andrés, nos regresa a los ochentas. No tenemos que irnos a Venezuela. Se nos olvida, pero aquí en los ochentas había escases de papel de baño, de pasta de dientes, nos quedamos sin carne. 

Los precios se administraban y los contratos se definían desde el gobierno. Ese no es un México al que queremos regresar.  En el caso de Ricardo, lo que pasa es que no sabemos cómo sería su gobierno, hay profundas contradicciones interna, por lo que no pueden presentar una plataforma sobre nada. En las reformas estructurales, el PAN estaba a favor y el PRD en contra. En los temas valóricos que planteaste, no hay manera de tener una definición, porque el PRD tiene una agenda distinta a la del PAN; es una candidatura que no se define en nada, eso es un riesgo.

En el otro caso (López Obrador) es una candidatura muy bien definida, pero no es que sus ideas sean viejas, son acreditadamente malas. Y vemos como esas ideas malas causaron estragos en México y otros países; en países cercanos como Nicaragua, estamos viendo lo que pasa cuando se cierran los espacios de libertad. 

José Luis Galindo Sosa

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