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Lo que comemos influye más en cuidar el planeta que tener un auto eléctrico


“La alimentación que elegimos tiene un impacto directo en cómo cuidamos nuestra tierra, nuestra agua, afecta la calidad del aire y en cuánto amenazamos nuestra biodiversidad, además de provocar un gran impacto en la salud”, afirma sobre el escenario del ex Congreso Nacional Rosane Oliveira, directora fundadora de Medicina Integrativa de U. California Davis, en su presentación en el panel “Del plato al planeta, el futuro de la alimentación”.

“Hoy el 70% de la selva del planeta ha sido destruida y solo para poder tener ganado. Si lo piensan, la deforestación es la razón número uno de por qué la vida salvaje está casi extinta”.

El problema, asegura, es que la mayoría de las personas no sabe que una hectárea de tierra dedicada a la plantación de vegetales, legumbres o granos puede producir hasta 15 veces más proteínas que la misma cantidad de tierra dedicada al ganado.

Legumbres y metano

“Al optar por un auto eléctrico pensamos que ayudamos a reducir el CO2 del planeta, pero ese es solo uno de los gases de efecto invernadero”. El auto eléctrico, continúa, no sirve para disminuir el metano, “que afecta el aumento de las temperaturas, (y con el auto eléctrico) tampoco hacemos nada por la deforestación, ni nada por mejorar el uso de tierra, ni el uso de agua”.

Las legumbres, en cambio, sí pueden generar cambios, no solo porque necesitan menos agua y tierra que las vacas, también porque tienen menos grasas que la carne roja, son libres de colesterol y ricas en fibras.

“Hoy usamos las legumbres principalmente para alimentar el ganado y la carne para alimentar a los humanos. Eso es una forma muy ineficiente de producir proteína y de alimentar al planeta”, agrega.

Pero no solo hay que cambiar qué se come, también las políticas alimentarias, dice José Graziano da Silva, director general de la FAO. “Sabemos que consumimos mucho, pero también que botamos un tercio de toda la comida que producimos”.

Esto ha llevado al mundo a una paradoja: “Hay casi el mismo número de personas hambrientas que obesas”. Esta dicotomía, agrega, se debe a un sistema alimentario que no funciona. “Es necesario rediseñarlo”.

Leyes para limitar la cantidad de azúcar o sal, además de producir alimentos que sean sostenibles son parte de la solución, asegura.

Con él coincide Corinna Hawkes, directora del Centro de Políticas Alimentarias de la City University de Londres. “Todos los países del mundo tienen mala nutrición, ya sea obesidad, sobrepeso o infrapeso”.

Y una mala nutrición se relaciona con una mortalidad temprana. El problema, agrega, es que faltan incentivos para lograr una buena salud, como políticas de alimentación saludable en colegios y leyes de etiquetado del azúcar.

“Hay sitios donde se está haciendo: en Londres, en Santiago se están tomando medidas para mejorar las políticas de alimentación”.

Rabi Mohtar, investigador de la U. de Texas A&M, también cree que es necesario hacer cambios urgentes. “El agua, la energía y el sistema alimentario están muy interconectados. Y con el crecimiento de la población, el cambio climático y el impacto en los recursos hídricos, necesitamos analizar el sistema actual”.

Una de las soluciones, además de mayor uso de tecnologías y políticas públicas, “es lograr una reducción de desperdicios de comida. Eso mejora los recursos hídricos, ahorra tierra y energías”.

Eso sí, asegura, todos deben participar para lograr estos cambios: “El sector privado, el sector público y la sociedad civil”.

AMALIA TORRES
El Mercurio

Redaccion Nuestro País

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