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Parece que algo huele mal en la Secretaría de Salud de Veracruz, columna de Jorge Flores

No me queda del todo claro el asunto de las licitaciones en la Secretaría de Salud, por un lado, un empresario expone un adeudo de poco más de 50 millones de pesos y por el otro, el mutismo total de la dependencia.

De lo anterior encuentro un punto en el que coincido plenamente, y es que es indispensable que las licitaciones sean públicas y transparentes, de alguna manera fue el cambio que exigimos los veracruzanos en las pasadas elecciones, de lo demás se puede concluir que se trata de una relación empresarial con el gobierno del estado y su exigencia de que le sean pagados los servicios o proveedurías que realizó.

Lo anterior se suma al comentario que me hizo, hace unos días, un buen amigo en relación a una serie de contratos que su empresa tiene con la Secretaría de Salud. En la plática me comentaba que se ha visto acosado por funcionarios de esta dependencia para que renuncie a dichos contratos sin mediar una solicitud por oficio donde se expongan claramente las causas por los que él debe renunciar a éstos, así como al cobro de la obra que tiene realizada.

De nuevo, puede existir la intención de las autoridades estatales al querer rechazar cualquier cosa que huela a las anteriores administraciones, pero siempre se debe acompañar de un análisis profundo y serio de la situación contractual de cada obra y de cada empresa. Actuar de otra manera y lo peor, querer imponer a empresas “convenientes” representa un serio abuso y porque no, un acto de corrupción bajo cualquier premisa, lo anterior sin considerar que no todas los empresarios fueron invitados al banquete de la fidelidad-próspera.

Es importante señalar que cualquier exigencia o simple solicitud se debe de hacer de acuerdo a la ley; de ninguna manera se debe entender que la salud es un negocio y que éste se debe de hacer con las empresas que sean “amigas” o se presten a chicanas fáciles (léase caso medicinas clonadas). Los veracruzanos estamos cansados de funcionarios que encuentran en el presupuesto público su pasaporte a riquezas insultantes.

No hay otra opción, tanto en salud como en cualquier otra secretaría o dependencia de gobierno es indispensable tener perfectamente claro que los veracruzanos estamos cansados de negocios al amparo del poder y de los amiguismos. Liciten, que las empresas compitan libremente y que sus propuestas estén perfectamente apegadas a la ley. Repito, no hay de otra y no se trata de imponer a empresas “amigas”, en todo caso, que sea la mejor propuesta la que se imponga siempre.

Parece difícil y para nosotros como veracruzanos es casi imposible comprender un gobierno libre de diezmos, cochupos y tranzas, pero esa fue la promesa que nos hicieron y no es nuestra culpa que siendo nuestro gobierno, el que elegimos con nuestro voto, sintamos la libertad, el derecho y, porque no, la obligación de señalar cuando algo parece que no esta bien y quiero insistir, con solo parecer que algo no esta bien tenemos el derecho de exigir una explicación.

En otro asunto, me entristece y desilusiona profundamente que Veracruz sea plaza de la intransigencia y la intolerancia. Encuentro perfectamente justificable que la sociedad exija se respeten sus derechos, es más, es la única lucha que me parece deseable en una sociedad inteligente, lo que me parece aborrecible es que un grupo de intolerantes anacrónicos presionen y protesten políticamente para impedir que otros puedan ejercer sus derechos.

¿Cuándo vamos a comprender como sociedad que los derechos humanos no están sujetos a las decisiones de las mayorías? Su protección es constitucional, no importan marchas, presiones o protestas. Recordemos que los nazis en su momento marcharon porque les pareció correcto y justo despojar de sus derechos a judíos, homosexuales, gitanos, minusválidos, etc.

Como lo expone la Suprema Corte de Justicia de la Nación “… las parejas homosexuales se encuentran en una situación equivalente a las parejas heterosexuales y que no han gozado de la misma protección por el legado de severos prejuicios que han existido tradicionalmente en su contra y por la discriminación histórica de la que han sido objeto, además que la exclusión de las parejas del mismo sexo al matrimonio perpetúa la noción que son menos merecedoras de reconocimiento que las heterosexuales, ofendiendo con ello su dignidad como personas y su integridad”.

Así que insisto, que marchen y protesten, se respeta su absoluto derecho a hacerlo, lo que no deben confundir nunca, es que no marchan por un derecho que les vulneran a ellos, marchan para vulnerar un derecho a otro ser humano.

Los intransigentes son más gritones y altaneros, esa es su naturaleza. Nunca se detendrán, siempre querrán prevalecer sus posiciones y moral sobre el resto de nosotros.

Respetar los derechos humanos no es tan solo una buena política de estado, es la política que debe tener el estado siempre.

 

Jorge Flores Martínez

[email protected]nullme.com

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