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La panza de los filósofos. La comida y la alimentación como experiencia estética

San Agustín de Hipona no fue santo toda su vida, tuvo una juventud llena de placeres y alejada de la doctrina cristina, de hecho en este periodo conoce a la madre de su hijo Adeodato, Floria Emilia. En “Vita Brevis” escrito de ficción histórica elaborado por Jostein Gaarder, el escritor noruego muestra las cartas que Floria envía a Agustín en un tono de reclamo por haber abandonado los placeres que antes solía procurar, ella no puede entender el ascetismo que ahora practica el santo de Hipona, no puede creer que haya rechazado los placeres del cuerpo, entre ellos el deleite o placer que puede provocar la comida por sus sabores y abundancia.

En las cartas, Floria deja ver que no puede creer cómo es que ahora Agustín lleva una dieta parca en sabor y escasa, al parecer su expareja sólo comía pequeñas raciones al día de un cereal simple con la finalidad de no despertar el placer del gusto que podría llevar al desenfreno de la gula. Ni hablar, se tomaban muy en serio, el lema que suelen decirle a las personas que comen en abundancia: se come para vivir, no se vive para comer. En fin, la vida santa exige una vida austera en todos los sentidos, incluso en el sabor, el cuerpo no debe ser exaltado más que por Dios.

En este punto se puede observar que la vida monacal demanda una alimentación con lo necesario para vivir, pero excluye la posibilidad de la abundancia y poder jugar con los ingredientes y sabores para deleitar el paladar, por lo menos en la orden a la que pertenecía uno de los padres fundamentales de la iglesia. Floria se encuentra aterrada de mirar cómo es que Agustín rechaza los placeres que Dios dispuso en la tierra, ya que piensa que el placer con moderación no causa daño alguno a la trama divina.

¿Debemos disfrutar de los placeres que Dios nos puso en la tierra o debemos huir de ellos para mantener nuestra alma lejos del pecado? Dios puso los placeres para poner a prueba nuestra pureza espiritual al alejarnos de las delicias que nos brinda el cuerpo, y a su vez nuestro crecimiento espiritual, o bien, puso los placeres como fuente de goce, siempre y cuando tuviéramos autocontrol y moderación. Menuda disputa teológica que está de fondo en esta disyuntiva, la cual no pretendemos resolver ni opinar al respecto; no obstante, esta semblanza de una de las temáticas de “Vita Brevis”, nos muestra dos posiciones encontradas respecto de la degustación y la ingesta de los alimentos, sobre esto si podemos decir algo.

Las cartas de Floria Emilia a San Agustín, en la trama que crea Gaarder, nos llevan a pensar en dos dilemas: ¿debemos comer únicamente lo necesario o debemos comer en abundancia para complacer nuestro paladar?, ¿debemos optar por una alimentación simple o debemos procurar siempre una alimentación llena de sabor? Creo basta ser un comensal promedio para percibir que los dilemas son falsos, nuestra alimentación puede ser suficiente, ni escasa ni abundante; y también puede ser sabrosa, ni saturada de sabores ni simple.

Múltiples razones nos pueden llevar a estas conclusiones, no comer en abundancia por cuestiones de salud o figura corporal, tomar la alimentación como un requerimiento necesario para sobrevivir, apreciar bien los sabores en los alimentos, ponerle un poco de sabor a la actividad necesaria de comer; pero indudablemente, a la par de estas razones encontramos un asunto de gusto y sensación, y por tanto, propio del terreno de la estética.

Nos explicamos, si bien es cierto que la comida y la alimentación son una necesidad de carácter biológico, también es cierto que el hombre ha sabido trascender el nivel de la mera necesidad, ya que ha sabido manipular y combinar los ingredientes para hacer de este acto algo más agradable que sólo cubrir sus requerimientos corporales, también ocurre lo mismo con la abundancia, nuestras sociedades han sabido trascender la alimentación del día a día que ocurría en las comunidades tribales, ahora tenemos la capacidad de almacenamiento para tener alimentos en abundancia y preparar grandes cantidades de alimentos para ser ingeridas.

Estas condiciones de manipulación, combinación, almacenamiento y preparación de grandes cantidades nos provocan placer al degustar la comida y sensaciones corporales en función de la ingesta diaria. Los diferentes platillos que se pueden realizar con una infinidad de ingredientes para provocar diferentes sabores y causar un placer al gusto a través de las diferentes sensaciones con los sabores, a veces esta diversidad de platillos y sabores también lleva a las ganas de comer un platillo de forma abundante, o bien, degustar varios platillos y llegar a comer en abundancia. La cantidad de alimentos ingerida trae consigo sensaciones sobre nuestro cuerpo, nos podemos sentir ligeros al realizar nuestros movimientos, pesados y lentos en ciertas reacciones corporales, indigestos si nuestra comida fue abundante, livianos después de una comida frugal, o enfermos cuando algo nos ha caído mal. Tanto el placer del gusto que nos provoca la comida, como la sensación de bienestar o malestar corporal que trae consigo las cantidades que ingerimos de alimentos, son parte de nuestra sensibilidad sobre nuestra realidad.

La estética se encarga del estudio de la sensibilidad en general: las diferentes sensaciones agradables o desagradables que nos provocan nuestras distintas experiencias en el mundo, por ejemplo: la comida, la alimentación y las emociones que nos despierta una pieza musical, una obra de arte o un paisaje de la naturaleza. En este sentido, corresponde a la estética una reflexión por el carácter de lo agradable, sus componentes, los placeres que lo acompañan; asimismo con las sensaciones de bienestar o malestar corporal que experimentamos en nuestro propio cuerpo. Cada quien sabe cómo se siente con sus kilitos de más o de menos, qué tan pesado se siente su cuerpo cuando subimos escaleras, o qué tan agradable siente el cuerpo cuando ha podido dormir y descansar después de varios días de trabajo intenso. Algunas de estas sensaciones positivas, además de ser útiles para realizar nuestras distintas actividades son objetos de reflexión estética.

A la estética no le importa si esta sensibilidad es positiva o negativa, es decir, estudia todas las facetas y grados de nuestro placer y sensibilidad, de tal suerte que no prescribe qué sensaciones o placeres debemos perseguir, antes bien, se dedica a analizar cada uno de ellos. Aunque en la tradición filosófica existen tendencias estéticas normativas del gusto, tal y como pensaba David Hume, en su ensayo “Estandar of taste”, quien afirma que el gusto únicamente se presenta cuando conocemos los elementos que componen una sensación de agrado, esto exigiría que nuestro gusto únicamente se presentara cuando conocemos los ingredientes exactos y la elaboración precisa de una comida, lo cual no implicaría necesariamente que una comida, de la cual ignoramos sus ingredientes y sus proceso de elaboración, no pueda provocarnos placer o agrado.

 

Enrique Sánchez Ballesteros

Colegio de Filosofía de Xalapa AC

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