El mayor desafío de la Unión Europea desde su fundación

La crisis económica sin precedentes provocada por la pandemia del coronavirus ha empujado a la Unión Europea (UE) a considerar medidas que, de adoptarse en julio próximo, harán historia. En mayo pasado, la Comisión Europea, la rama ejecutiva del bloque, propuso un plan de rescate por 750 mil millones de euros – 840 mil millones de dólares- para financiar la recuperación de sus 27 países miembros azotados por lo que la canciller de Alemania, Angela Merkel, calificó como “el mayor desafío de la UE desde su fundación”.

La relevancia del plan, que deberá ser aprobado por los dirigentes y parlamentos de cada país, reside en que sería la primera vez que el bloque en su conjunto asumiría la deuda y se encargaría de devolverla y no cada país beneficiado y además, incluiría subvenciones a fondo perdido, es decir, ayudas no reembolsables.

Durante décadas, señala el New York Times, incluso en el 2008 cuando la crisis financiera amenazó con fragmentar al bloque, las naciones más ricas de la UE comenzando por Alemania, rechazaron la idea de una deuda colectiva. Sin embargo ahora, son de tal magnitud los daños causados por la pandemia que Merkel, apoyada por Emmanuel Macron, presidente de Francia, consideraron dar una respuesta hasta hace seis meses inconcebible. En otros momentos, indica el NYT, sin la desastrosa recesión que está encima, esta propuesta habría sido desechada antes de ser analizada y habría enfrentado a populistas y nacionalistas que se oponen a que Bruselas vaya ganando poder. No obstante, la necesidad de una respuesta urgente, ha conducido a lo que se considera ya como la “negociación más difícil del bloque europeo”.

Según fuentes europeas, se espera que la economía de la UE se contraiga más del 7% durante este año. En caso de que hubiera una segunda ola de coronavirus hacia fin de año, la caída sería del 16%. Se estima que el desempleo se dispare al 9%.

En declaraciones a la cadena británica BBC, la analista Katy Adler señaló que “en términos de política este proyecto tiene una importancia enorme debido a las concesiones hechas por Alemania”.

De los 750 mil millones de euros que plantea la propuesta, dos terceras partes se entregarían en ayudas directas no reembolsables- 500 mil millones de euros- y una tercera parte en préstamos. Italia y España, los países más castigados por la pandemia de COVID-19, serían los principales beneficiarios con 310 mil millones de euros, entre los dos.

Este plan ha provocado la ira Holanda, Austria, Suecia y Dinamarca, conocidos como las “naciones frugales o ahorrativas” por su apego al rigor fiscal.

Estos países rechazan que sea el bloque en su conjunto el que asuma la deuda debido a que llevaría a las naciones más ricas a compartir riesgos con países endeudados y con menor crecimiento económico. Y rechazan por completo las ayudas gratis. Han advertido que no aceptarán más que préstamos reembolsables con tasas de interés bajas. “Debemos tomar en cuenta los intereses de todos; hay grupos de interés muy distintos: están los países del sur que siempre quieren más; los europeos orientales que tratan de impedir que todo se vaya hacia el sur y, por supuesto, las naciones ricas que que tienen que pagar todo, declaró a Politico.com Sebastian Kurz, canciller de Austria.

“La idea de que los miembros más ricos se responsabilicen de las deudas de los más pobres, nunca había sido bien vista por Berlín hasta ahora dada la magnitud de la crisis” señala la analista Jenny Hill e la cadena BBC.

El eurodiputado austríaco Ernest Urtasun señala que el cambio de Alemania se debe a la gravedad de la crisis. Los alemanes entendieron que el mercado interior europeo y el euro no pueden hundirse porque Alemania sería la primera perjudicada”.

Además, señala el NYT, los países más afectados por el coronavirus, específicamente Italia y España– la tercera y cuarta economía de la zona del euro- son demasiado grandes y piezas fundamentales para las ambiciones de la UE como para dejarlos caer.

Los dirigentes del bloque europeo sostendrán su primer encuentro presencial, desde el inicio de la pandemia, el 17 y 18 de julio en una cumbre extraordinaria en Bruselas.

Vienen semanas sumamente tensas, de duras negociaciones: por un lado, la canciller Merkel, preocupada por el futuro de la UE como consecuencia de la actual recesión, del Brexit y las fricciones entre EU y China, dos naciones con las que el bloque europeo tiene un intenso intercambio comercial y por el otro, la resistencia de las acaudaladas naciones del norte europeo.

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