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¡Calderón se metió varios pegasus de sotol!

por Redaccion

Me pregunto por qué muchos de los periodistas e intelectuales que se autodenominan críticos de hueso colorado del sistema –aunque no tocaron a mi Calderón ni a mi licenciado Peña ni por equivocación– no aparecen en las listas de los espiados por Pegasus. Y que aquellos que se colaron en ese programa de recontraespionaje, me dicen los que saben, a mi no me consta, que resultaban tan aburridos por obsequiosos y serviles, que Osorio Chong (que por supuesto no sabía nada de nada esto) los borró de la lista en superchinga.

Imagínense, tener que hacerle marcación personal digital a los Chuchos perredistas o Ricky Anaya, ¡qué pinchi pesadilla de las mil huevas! Lo bueno que luego luego en el PRI se dieron cuenta cuando le besaban las patrullas en el Pacto por México, de que no eran peligrosos y se quitaron la monserga de andarlos espiando.

Muchos se ponen medio histerias como Snowden por lo del espionaje, pero de qué nos asustamos si a la CONCACAFINE le roban a cada rato sus bases de datos que luego venden en E-Bay. Dirán que lo de Pegasus no le sirvió de nada a Peña, pues de todas maneras lo perdió todo, pero al menos su operador, Tomás Sembrón, hoy está resguardado por el gobierno israelí, de donde es la empresa que le vendió a sobreprecio el Pegasus para Gobernación. Chido.

Pobre Jelipillo, hubiera sido muy feliz con el Pegasus para su narcoguerra, para espiar a sus exégetas que sospechaban de la bondad de sus estrategias. Seguramente en eso pensaba el expresichente Calderón cuando tuiteó su foto en plena vacunación contra la Covid, mientras ejercía su derecho a comportarse como “Limosnero y con garrote” (antes de agradecer el medicamento se aventó la aburridora típica en contra de la Cuarta transfomeichon, ¿qué pachó?), de inmediato imaginé que se trataba de un clásico montaje estilo García Luna Productions. Sobre todo, porque don Jelipillo aseguró, en otra más de sus demostraciones científicas avaladas por la NASA prianista, que el proceso de vacunación tardaría más de mil años, muchos más; así que parecía imposible que estuviera recibiendo la vacuna que él mismo predijo que nunca llegaría. Más aún después de sus esfuerzos por acabar con Birmex y la manera en que los laboratorios para la producción de vacunas que había prometido resultaron tan inexistentes como su refinería.

A lo mejor se metió varios pegasus de sotol y por eso le falló la fuerza de su calculadora ultraderechosa.

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@jairocalixto 

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