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El negocio de la justicia

por Redaccion

La resolución de la Segunda Sala Superior del Tribunal de Justicia Administrativa de Jalisco, que ordenó al Ayuntamiento de Zapopan otorgar el permiso de habitabilidad de las Villas Panamericanas construidas para albergar a los atletas que vinieron a los Juegos Panamericanos del 2011, va en contra del bien común en aras del beneficio particular.

El año pasado el Instituto de Pensiones del Estado de Jalisco y el Instituto Jalisciense de la Vivienda enajenaron a una empresa particular dichas Villas en mil 500 millones de pesos. Esos cuatro edificios de 942 unidades habitacionales, 24 locales comerciales y mas de dos mil cajones de estacionamiento están ubicados en una zona donde nunca debieron construirse porque forma parte de una reserva ambiental de vital importancia para nuestra ciudad.

Esta resolución es dañosa y pasa de la legalidad a la ilegitimidad. La legalidad tiene un valor superior: la legitimidad; la legitimidad es un concepto filosófico de derecho natural que contiene los valores de la actuación de la autoridad jurisdiccional que debe aplicar la ley teniendo presente que en aras de esa aplicación no se causen daños mas graves que el bien tutelado. Remito a los Magistrados a leer a Max Weber, a Carré de Malbertg o a Pateman.

Aplicar la ley no debe limitarse a seguir el librito; en conciencia, el juzgador tiene la obligación de analizar el caso con óptica valuativa en la que la justicia y la equidad deben estar presentes; no es posible otorgar permisos y concesiones cuando se causarán daños mayores; pasan de la pretendida legalidad a la ilegitimidad.

El interés superior de los derechos humanos es indiscutible y está por encima del dinero y las inversiones; el businness debe pasar a segundo término; la ciudad sufrirá en carne propia estos excesos, el daño ambiental será mayúsculo, pero la óptica miope de los juzgadores se ha inclinado por una aparente legalidad cuando en el otro plato de la balanza se encuentra la justicia.

La justicia se ha transformado en negocio. Aplicar la ley con legitimidad, teniendo presente la justicia y la equidad debería ser la máxima aspiración de los juzgadores, pero al igual que el relato bíblico de Jacob y Esaú, cuando se vendió la primogenitura por un plato de lentejas, hoy un bien tan excelso como la justicia, se ha vendido al mejor postor.

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