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El Parque Aztlán

por Redaccion

Buenas tardes: soy Gil Gamés y soy adicto a las mañaneras. Llegué aquí sin pertenecerme, débil, sin voluntad. Pero gracias a ustedes, a usted señora bonita, a usted colega, a usted amigo desinteresado y gracias a mi padrino, Gil lleva ocho días sin probar gota de la mañanera. Le han dado ya su primera ficha y Gilga la ostenta como medalla de la victoria. Gamés invita a sus colegas, no sólo a los comentaristas, a los reporteros, a que sigan el ejemplo de Gilga. Que el presidente en pleno ejercicio de su libertad y su poder hable cuanto le plazca, pero si ustedes toman su lugar en Mañaneros Anónimos A.C., podrán obtener un pedazo de esperanza para superar su adicción.

Gilga pensó que no sería capaz, pero aquí está de pie ante todos ustedes, sin vergüenza neoliberal, para seguir adelante y superar su adicción. Ocho días que le saben a la miel del deseo cumplido y le evitan algunas contrariedades.  Cualquiera que haya sido adicto sabe que no es fácil, pero aquí está Gamés como prueba viviente de que es posible pasar delante de la mañanera y seguir de largo. Piénsenlo, amigos y colegas y colegos: ustedes no le hacen falta a la mañanera y la mañanera no los necesita a ustedes. Sí hace falta, es verdad,  que un día dos o tres reporteros serios dejen la silla caliente y abandonen Palacio Nacional.

Feria de Chapultepec

La jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum, anunció sin temor al Dios Huitzilopochtli que La Feria de Chapultepec se llamará Parque Urbano Aztlán. “A diferencia del anterior, se podrá entrar de manera gratuita para disfrutar de diferentes actividades, además se recuperarán áreas verdes. Será uno de los mejores parques urbanos de América Latina”. ¡Hip Hip Hurraaa!

Quién lo dijera, carambas. Como los lectores, las lectoras y los lecteres saben, Aztlán es una palabra náhuatl: aztatl y es un lugar mítico de donde provienen los aztecas, se trata de un símbolo (Kandell dixit) de México-Tenochtitlán y quiere decir lugar de las garzas. Al gobierno le ha dado una fiebre por recuperar la memoria de lo que ellos llaman pueblos originarios, en consecuencia quieren rescribir la historia y renombrar las calles y los parques y las ferias.

Te invito a Aztlán, hay juegos muy padres. Primero que nada la Casa de los Sacrificios Humanos, se ven escenas inolvidables; luego puedes subirte a los coches chocones en una guerra florida memorable. En un descanso te puedes comer unos perros calientes de carne humana, y también hay pizza de corazón, no te la vas a acabar. Pero eso no es nada: te subes a la rueda de la fortuna que controla Tlacaélel y, uta, ni Liópez demoliendo el sistema neoliberal. En las tazas, te dan vuelta tan rápido que ves a Quetzalcóatl, la Serpiente Emplumada. El gran juego, el más cotizado es la Montaña, ya no rusa, obvio, sino la Montaña de Moctezuma: inigualable. Subes y bajas a gran velocidad. El ratón loco se llamará Itzcóatl demente, si te subes al Itzcóatl demente te guacareas en dos minutos. Y además todo será gratis. ¿no les parece un logro del Gobierno de la Ciudad? ¡Hip Hip Hurraaa!

Cablebús

Gil lo leyó en su periódico Milenio Digital: “No cabe duda de que viajar en transporte público en la Ciudad de México puede resultar toda una aventura, y peor aún en tiempos de lluvia, ya sea que tengas que usar el Metro o el nuevo Cablebús, que recorre de Indios Verdes a Cuautepec”.

Un hombre grabó el momento en el que el servicio se detuvo en las alturas. Ay. Según informó, la pausa en el servicio se debió a la falta de energía.

Como rayos y centellas los funcionarios de la Secretaría de Movilidad de la Ciudad de México aclararon que en realidad se debió al acceso de una persona en silla de ruedas. Un comunicado de la Secretaría de Movilidad aclaró los rumores y se informó que la red de transporte cuenta con plantas de luz independientes, por lo que no se podrían presentar fallas por cortes en la electricidad. No se lo tomen a mal, pero Gil no será usuario del Cablebús. No le gustan las alturas, y menos colgado de unos cables. En esto Gilga sigue al Presidente, mejor las carretas, más seguras, más marradas.

Todo es muy raro, caracho. Como diría, Albert Camus: “Los mitos tienen más poder que la realidad. La revolución como mito es la revolución definitiva”.

Gil s’en va

Gil Gamés

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