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Encuentros y re-encuentros

por Redaccion

Cuando uno conoce por vez primera a una persona, ciudad, obra, dependiendo de la información con que se cuente se crean expectativas, positivas o negativas, que al entrar en contacto con aquello se confirman o desechan. Al darse un re-encuentro se espera que esa primera impresión que se tuvo y que fue confirmada por medio de la experiencia directa con el objeto o persona se re-confirme, se re-fuerce, se repita.

El pasado día 8 se inauguró en la Fototeca del Centro de las Artes la muestra Hay que saber llamar. Un recorrido por la obra de Marta María Pérez Bravo. La segunda parte de este largo título es importante porque advierte al espectador que lo que verá es, exactamente, un recorrido por la obra que Pérez Bravo realizó mientras vivió en esta ciudad en la década de los noventa del siglo pasado, acompañadas de piezas más recientes. Pero cuidado, no es que se vayan a ver las fotografías que aquí produjo, más bien se trata de la re-utilización de algunas de esas imágenes, pero ahora sobre distintos soportes o con distintas dimensiones.

Aunque está bien explicado en la cédula de entrada, vale la pena insistir en el tema. Marta María, más que ser una fotógrafa, que no lo es, es una productora performática que se vale de la fotografía como medio para dar a conocer sus acciones e intervenciones lo mismo sobre su propio cuerpo que en objetos y sitios con quienes convive.

Las acciones que realiza están íntimamente relacionadas con las religiones del África que, al sintetizarse en América con el cristianismo, crecieron por todo el continente, en especial en las islas del Caribe. Símbolos, objetos, ceremonias, han sido retratados una y otra vez a lo largo del tiempo, lo mismo en Cuba que en Haití, República Dominicana, que Brasil o los Estados Unidos e incluso en México. Fenómenos como el animismo, la santería, el espiritismo, han sido, asimismo, objeto de estudios antropológicos, sociológicos, filosóficos y hasta políticos, pero hasta donde yo sé no hay un estudio propiamente dicho desde un punto de vista estrictamente estético, eso nos permitiría distinguir con cierta claridad cuáles y en qué consisten las aportaciones o singularidades de los productores que recurren a estos temas para expresar sus acercamientos, relaciones e interpretaciones de ellos. ¿Qué es distinto y qué es similar, más allá de lo formal, entre el trabajo de un José Bedía, Ana Mendieta y Martha María Pérez Bravo?

Al conocer la obra de esta última es prácticamente imposible no relacionarla con lo hecho, no por Cindy Sherman que es un cliché, sino con su compatriota Ana Mendieta, y aunque sus antecedentes son distintos, en ambos casos se trata de productoras de performances que recurren a la fotografía o al video para exponer y difundir lo que hacen. Igualmente, en ambos casos hay una fuerte y profunda conciencia acerca de su identidad cultural, de sus raíces que son responsables, en buena parte, de los contenidos que manejan.

Ahora bien, si la fotografía en la obra de estos artistas y en particular en el caso de Marta María no es lo fundamental, es simplemente un vehículo, ¿qué tan responsable puede ser o, de hecho, lo es, de los aspectos técnicos que involucra la fotografía? Para muchos podrá ser una pregunta que sale sobrando y que ni siquiera vale la pena plantearse. Pero creo que si me voy a valer de un medio, el que sea, lo mínimo que debo hacer es conocer cuáles son sus alcances y cuáles sus límites, porque, con todo respeto, no es posible que en una exposición seria como esta tengamos tal variedad de calidad en las impresiones que se presentan. Advierto, no espero que todo productor que se valga de la fotografía o cualquier otro medio lo trate tradicionalmente, no, que lo explore, lo subvierta, lo altere, lo hiera, pero entonces esa actitud debe estar presente en todo lo que se presente a menos que se diga lo contrario. De lo que hablo aquí es que no puede haber imágenes bien impresas y otras deficientes, no puede haber soportes impolutos y otros maltratados.

Consecuencia de lo mismo es la ambigüedad de las cédulas. Ninguna tiene la técnica que se ha empleado en el trabajo de impresión, lo cual puede ser una tendencia muy nueva, pero lo que no es posible es que en ellas aparezcan fechas que no se corresponden y no se aclare, o se cita la fecha de la toma original, de la de la impresión o ambas, pero separándolas claramente. No puede aparecer una sola fecha cuando se trata de dos eventos, toma e impresión, separados en el tiempo.

Me quedo con la idea de que esta exhibición de la obra de Marta María, que siempre he admirado, queda pendiente de un mejor re-encuentro.

Xavier Moyssén L

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