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¿Es bueno que no haya nuevos cárteles?

por Redaccion

¿ Qué es preferible en términos delincuenciales y paz social? ¿Dos o tres cárteles que se repartan el territorio o cientos de organizaciones a las que se les clasifique como el “cártel de a kilo”?

En el primer caso, en referencia a grupos delictivos que dominan una amplia región, hablamos de capacidades financieras importantes, que permiten comprar armas, cooptar autoridades, pagar por homicidios, mantener un reclutamiento para la reposición de detenidos o asesinados, la combinación con actividades legales para darle vuelta al dinero, expansión de actividades ilícitas y un reto que no puede ser enfrentado por una autoridad municipal e inclusive estatal.

Hablamos de grupos que incursionan a la política y colocan o quitan candidatos, que “orientan” el presupuesto público, que cambian por completo la esencia de las instituciones de seguridad para volverlas una sucursal con licencia de actividades criminales, lo mismo contra contrincantes que hacia ciudadanos.

A estos grupos se les escribe corridos, se les plasma en las narco series, se les muestra como modelo aspiracional a las y los jóvenes.

Andan en convoy por carreteras y ciudades, con la certeza de que no hay nadie que les haga frente.

El terror que provocan es una de sus armas principales.

Por el contrario, el “cártel de a kilo” son grupos criminales pequeños, que actúan en una zona limitada. En tiempos en donde hay contención del Estado sobre la criminalidad, enfrentan el doble reto de evadir a las autoridades y no caer ante el “cártel de a kilo” de la colonia vecina. Andan por las brechas, buscando discreción, “batallándole” dirían, para poder colocar su mercancía (droga) y tal vez con poca energía para intentar otras actividades delictivas “complementarias”.

Puede que tengan uno o dos contactos en las instituciones de seguridad que les pasen “el pitazo” ante cateos, pero no más. Saben que su supervivencia depende de ellos mismos y que encontrar quién le entre no es fácil por los riesgos que representa, así que el reclutamiento resulta poco atractivo. Consiguen armas por un lado, cartuchos por otro, buscando regatear para lograr el precio más económico y hasta aprendieron a hacer “armas hechizas”. ¿Enfrentarse a la autoridad? Ni ganas, para no “calentar” la zona.

Una autoridad municipal responsable puede mantener a estos grupos a raya, pulverizados, limitados a la oscuridad, sin la posibilidad de crecer.

¿Qué prefiere usted? ¿Pocos cárteles o el “cártel de a kilo”? Lamentablemente, el país encaja más en el primer escenario.

Por cierto, el pasado 13 de julio la Policía Federal cumpliría su 93 aniversario de integrar experiencias, capacidades y resultados.

Este año hubo una actitud diferente a los dos años anteriores entre quienes han/hemos formado parte de esta Institución, que se diga lo que se diga, fue calificada entre las mejores del mundo y que hoy es notoria su ausencia.

La diferencia radicó en que lejos de bajar el perfil, de caer en el juego del desprestigio que se le ha querido imprimir, la gran mayoría expresó su amor a la estrella y celebró en el escenario público el haber portado el uniforme azul que hizo comprender que la Policía Federal es y será, una de las instituciones más nobles del Estado mexicano. 

Sophia Huett

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