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La paranoia del poder

por Redaccion

En un ensayo introductorio a las maravillosas Memorias de un enfermo de nervios, de Daniel Paul Schreber, Roberto Calasso hace un repaso de la historia exegética de dicho texto, comenzando con el ensayo fundacional de Freud, donde en términos generales trazó el nexo entre paranoia y homosexualidad reprimida, fundamentada parcialmente por la propia experiencia de su relación y ruptura con Fliess. Calasso argumenta que en general el psicoanálisis no se apartaría del (dudoso) vínculo inicial, salvo en casos como el de Jung, Sabina Spielrein o Lacan, quienes se negaron a aceptar una teoría que les parecía por lo menos reduccionista, encontrando líneas de interpretación mitológicas y de otras índoles en el delirio del presidente Schreber.

Destaca Calasso en cambio la lectura de Elias Canetti en Masa y poder, donde se vincula la figura del paranoico y la del poderoso: “La diferencia entre ellos reside únicamente en la posición que tienen en el mundo exterior. En su estructura interna son lo mismo”. En lugar de colocar el énfasis en la homosexualidad subyacente, Canetti se enfoca en la “estructura” y la “población” del delirio, buscando en cierto sentido hallar lo interpretable en relación con la realidad que pueda mostrar el más enfebrecido delirio.

Me parece que esta intuición canettiana es crucial para comprender lo que en el mundo actual aparecería como una pronunciada tendencia al delirio (paranoide) por parte del poder estatal, encarnado por supuesto en el ascenso de personajes con tendencias autoritarias en numerosos países del mundo occidental. No es exagerado afirmar que el discurso oficial se tiñe de continuo de elementos extraídos de la fantasía, casi siempre negativa, como corresponde al delirio paranoide, encontrando enemigos o amenazas en los extranjeros, los migrantes, la población de una cierta identidad sexual, raza o etnia, y por supuesto la prensa como enemigo del pueblo (más bien del poder), pues como sabemos, buena parte del quehacer periodístico consiste precisamente en contraponer la realidad con el discurso del delirio estatal. Como bien señala Canetti, si analizáramos la “estructura” delirante de los poderosos encontraríamos muchas similitudes, incluso entre opciones políticas que retóricamente se encuentran bastante alejadas entre sí.

Y en cuanto al tema de la “población” encontramos también múltiples instancias donde el enemigo ya no es sólo un otro señalado como radicalmente distinto, sino que tanto en términos discursivos como al nivel de las prácticas de violenta represión, es la propia ciudadanía la que a menudo se convierte en el blanco del delirio paranoide del poder, señalando a la disidencia, como ha sucedido en Cuba, Colombia, Estados Unidos, Inglaterra, Chile, Perú, mismo México, como enemigos que buscan desestabilizar la mitología de la unidad nacional, y por tanto merecedora de sufrir la brutalidad del ejercicio de la retórica y la violencia estatal.

Más que cualquier manual de la ya muy obsoleta teoría política liberal, valdría leer con detenimiento las Memorias del presidente Schreber, para al menos intentar estructurar bajo la lógica del delirio algunos de los rasgos más grotescos del discurso y ejercicio del poder en la actualidad.

Eduardo Rabasa

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