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En un lenguaje universal

por Redaccion

Aunque alguna vez hace ya muchos años recorrí paciente y curioso los intrincados caminos serranos de Oaxaca, no distingo a que grupo étnico pertenecen las indígenas con solo mirar sus vestidos, mucho menos identifico si el lenguaje que hablan es mixteco, mixe o zapoteco, solo sé que esas lenguas tienen una dulce tonalidad y una cadencia diferente a la reseca de los huicholes y mazahuas del centro, o a la cortante de los norteños rarámuris.

Hoy, muchas etnias deambulan por las grandes ciudades de la república, vendiendo dulces o artesanías o simplemente pidiendo “acanee” (ayuda) en zapoteco; o “corima” en tarahumara que significa lo mismo, pero con un sentido más profundo que está relacionado con el concepto superior del “bien común” y con la idea filosófica de “necesidad” y “compartir”.

Sus “usos y costumbres”, reconocidos por el gobierno les otorga una autonomía como grupo étnico que los hace ser ciudadanos, pero de alguna forma diferentes al resto de los mexicanos. 

En México 25 millones de ellos se autodefinen como indígenas (INALI 2019) y con sus atuendos, creencias, ritos sincréticos, lenguajes o dialectos ancestrales, se mantienen vinculados a sus orígenes prehispánicos y de algún modo son considerados como auténticos nativos americanos.

Pues resulta que hace un par de días, mientras esperaba inútilmente que algún conductor me cediera el paso para salir de mi cochera, desde el lado opuesto al que miraba, escuché un trío de dulces voces que entonaban un canto suave y armonioso. 

Miré hacia allá y sonreí ampliamente al ver a tres jóvenes indígenas, que se aproximaban cantando en voz semi-baja, mientras calzadas con sus planos “kwarachis” caminaban con el típico y andariego paso firme y seguro de su raza.

Tal vez sean “triquis” o “mixes” pensé, pero ellas al verme, desviaron la vista y dejaron de cantar como apenadas por mostrar su alegría juvenil a un extraño. 

Sin volver a mirarme pasaron de largo, pero un poco más allá, una de ellas giró su cabeza y sonriendo, me guiñó un ojo como diciendo en un lenguaje universal: 

“Nosotras también soñamos y cantamos”.

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