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“Vivimos en un mundo de sálvese quien pueda”: Leila Guerriero

por Redaccion

En un rincón de la Patagonia, en el pueblo petrolero de Las Heras, se produjo una ola de suicidios entre jóvenes de alrededor de 25 años. Eso se dio a fines del siglo XX, en un ambiente que precedió a la crisis económica, política y social de Argentina, en palabras de la periodista Leila Guerriero, “cuando los bancos se quedaron con el dinero de toda la gente”.

“En medio de todo ese desastre fui a Las Heras, que era como la matrushka de todos los desastres. Pasan los años y estamos en un momento en que más del 40 por ciento de la población es pobre. La vigencia del libro tiene que ver en parte con eso: un país que sigue replicando una problemática de fondo, que no logra resolverla: dar una vida buena a sus habitantes”.

Resultado de aquella visita fue el libro Los suicidas del fin del mundo. Crónica de un pueblo patagónico, aparecido por vez primera hacia 2005 y que ahora es recuperado, bajo el sello de Tusquets, no sólo por la vigencia de la problemática de fondo, sino porque sigue siendo un asunto que no ocupa ninguna agenda pública, ni forma parte de los aprendizajes para entender lo que viven los jóvenes en tiempos de pandemia.

“El tema del suicidio que, en aquel momento en Las Heras fue una real ola, porque de 1997 a 2000 se produjeron 12 suicidios y después siguieron: nadie está preocupado por eso, aun cuando estamos en un momento de precariedad muy fuerte: precariedad económica, que conlleva a otras clases de precariedad, como gente que tienen 16 y 20 y está tratando de entender qué es lo que quiere hacer, qué es lo que puede hacer en la vida, a la cual esta situación le ha arrancado de cuajo toda perspectiva de futuro”, explica Leila Guerriero, en entrevista con MILENIO.

Actualidad de una historia

“Las Heras era un lugar en donde la gente no encontraba el sentido de la vida”, recuerda de aquellos años Leila Guerriero, y algo similar encuentra con nuestro entorno: hay una carga que la gente, en especial los jóvenes, lleva sola, no hay una conversación pública, una preocupación más allá de que la gente se esté quedando sin empleo, sobre cómo impacta en los jóvenes.

“Los jóvenes son muy estigmatizados y más en la situación actual: son el foco del contagio, los irresponsables, los que hacen las fiestas y no se preocupan y no hay una mirada para comprender lo que significa para una persona de esa edad estar encerrada en su casa durante tanto tiempo, no ver a sus amigos, perderse ritos para siempre… me parece que todo eso no se está mirando y sí creo que el libro tiene mucha actualidad en más de uno de los ejes que recorre”.

Uno de ellos es el de la desigualdad: mientras en algunos países ofrecen cervezas, pizza… lo que sea para que la gente se vacune, hay otros donde ruegan que llegue una dosis. Desde la perspectiva de la periodista y escritora, eso refleja una desigualdad que ha sido muy clara los últimos años, “me asombran los colegas que culpan a la pandemia de la desigualdad”.

“De eso nos dimos cuenta desde hace rato. La situación confirma que quienes pagan el pato son los que menos tienen: es un mundo de sálvese quien pueda, eso es evidente”.

Los suicidas del fin del mundo. Crónica de un pueblo patagónico fue el primer libro como tal de Leila Guerriero, lo que le sirvió para darle un vuelco a su manera de escribir: era una periodista con unos modos más barrocos, pero el trabajo “me secó mucho la escritura, quedó muy apretada al hueso”.

“El libro provocó una conversación: siempre sentí que estaba vivo, me ayudó a pensar de manera articulada y el porqué de algunas decisiones. Ahora, cada vez que voy a una feria me encuentro con quienes llevan un ejemplar de Los suicidas del fin del mundo, es un volumen que aún viaja y se sigue leyendo”.

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La mirada de la editora

Leila Guerriero trabajó durante casi cinco años en la edición y coordinación del libro Extremas, publicado por la editorial chilena Universidad Diego Portales, que reúne perfiles de mujeres latinoamericanas que lo entregaron todo a una vocación, entre quienes figuran Nahui Ollin y Elena Garro.

nerc

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