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Ansiedad

por Redaccion

Todos conocemos la ansiedad. La hemos sentido en algún momento de la vida. Sabemos identificar sus síntomas: la boca reseca, el corazón que late con rapidez. Es una reacción saludable en la mayoría de los casos: nos pone en alerta para enfrentar un reto, algún peligro. Esa ansiedad no debe preocuparnos: nos sirve, si sabemos gestionarla.

Los trastornos de ansiedad son otra cosa. Generan aflicciones de miedo y de inquietud, sentimientos de preocupación que son exagerados, que afectan el sueño y dificultan la concentración, y que interfieren en la vida laboral, social y familiar de quienes los padecen. Estos trastornos de ansiedad son frecuentes: afectan más o menos a una de cada cinco personas a lo largo de su vida.

La pandemia y el confinamiento han afectado la salud mental de todos los grupos de la población mundial. Las mujeres sufren ansiedad por la salud y el bienestar de sus hijos, y padecen con frecuencia la tensión en el hogar ahora que no tienen, como antes, lugares a los que podían escapar, como las escuelas, las oficinas y las casas de sus amistades. Los hombres, sobre todo, son vulnerables al desempleo que trae consigo el cierre de la economía (es clara la correlación entre el desempleo y el suicidio, por ejemplo: estudios publicados en la revista The Lancet muestran que un crecimiento de 1 por ciento en la tasa de desempleo equivale a un incremento de 0.76 por ciento en la tasa de suicidios en Europa y de 0.99 por ciento en América). Los niños, en fin, que forman el grupo más vulnerable, han tenido que dejar de asistir a la escuela, han perdido la ocasión de ver a otros niños, han tenido que permanecer encerrados en sus casas, sin libertad de salir a ver a sus amigos, enfrentando a veces el abuso en sus hogares.

La crisis social provocada por la pandemia ha revelado nuestra vulnerabilidad psíquica. Recuerdo haber leído, a fines de 2020, que en Japón más personas murieron a causa del suicidio en el mes de octubre que todas las que habían fallecido hasta entonces de covid. Morimos raramente a causa de un problema de salud mental (si exceptuamos el suicidio, por supuesto). Pero los desequilibrios psíquicos, como los trastornos de ansiedad, son con frecuencia una causa de mortalidad prematura, por la degradación que provocan en nuestra salud en general.

Una proporción alta de la población sufre hoy trastornos de ansiedad en el mundo. ¿Qué podemos hacer? Comparto aquí el consejo que da una investigadora de la universidad de Cambridge, Olivia Remes, quien explora la relación entre el bienestar y el control que ejercemos sobre nosotros mismos. Cuando una comunidad atraviesa por una situación difícil, algunos de sus miembros la enfrentan mejor que otros. Unos sienten que pierden el control de sus vidas; otros, no. Es fundamental para el bienestar la sensación de que mantenemos el control, afirma Remes. “Cuando nos tenemos que enfrentar a cosas que no podemos controlar”, dice, “debemos enfocarnos en las cosas que sí podemos controlar y dejar que todo lo demás nos pase a un lado. Sucede que cuando logramos hacer eso, somos más felices y empezamos a sentir que estamos en control de nuestras vidas”.

Carlos Tello Díaz

Investigador de la UNAM (Cialc)

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