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Candil de la casa… o, ¿cuánto valen tus amigos?

por Redaccion

No sé si lo habrá notado pero, aunque en algún momento lo neguemos, todos hemos cambiado. No solo lo más obvio, como el uso obligatorio del cubrebocas, el gel antibacterial y la sana distancia, – fundamentales para prevenir contagios y salvar vidas en tiempos de pandemia, especialmente ante una tercera ola de casos positivos -. Además de eso, que es muy importante, piense ahora solo en usted y lo que le rodea.

Para muchos, ha significado una bocanada de aire fresco, la posibilidad de un regreso paulatino a las actividades. Para muchos otros, ese solo regreso está costando demasiado. A este último grupo de personas, la reactivación laboral por ejemplo, puede significarle un ingreso económico del que hoy carecen, pero son mayores aún, los temores ante un posible contagio y lo que ello desencadena. Los casos llegan incluso al extremo de sufrir crisis por estrés o ansiedad, o un profundo temor por salir de casa.

Pero ¿qué es lo que extraña de su vida social y su relación con lo que está más allá de su propio hogar? ¿Ha llegado un momento en el que se siente confundido o molesto acerca de lo que esta pandemia nos quitó, para hacer más llevadera nuestra vida personal y familiar?

Hasta antes del confinamiento, nuestra casa era un refugio al que llegábamos todos los días después de convivir en actividades laborales, académicas, de entretenimiento o lúdicas. Sin embargo, esa misma casa es hoy, un espacio que cuesta trabajo equilibrar. De acuerdo con lo que dice Eva Illouz, socióloga de la Escuela de Estudios Superiores de Ciencias Sociales de París y de la Universidad Hebrea de Jesuralén, ‘la intimidad constante y continua, no es soportable para la mayoría de las parejas y la casa sin la esfera pública, puede llegar a ser una experiencia extremadamente opresiva. Lo que llamamos casa, – la esfera privada y doméstica -, necesita desesperadamente de la esfera pública de los amigos, del trabajo, de las calles, para poder cumplir su función. La crisis del coronavirus nos ha hecho derrumbarnos en nuestros propios hogares, convertidos en un frente de guerra’.

El COVID nos arrebató la sociabilidad, es decir, el trato y la relación con las personas. Tan crudo y tan real como eso. Este virus cortó de tajo a los amigos, compañeros, ambientes, paisajes y todo lo que da un significado a la vida cotidiana. Nos hizo resguardarnos en un espacio que no estaba diseñado además, para vivir y convivir todo el tiempo. Emily Anthes de la Universidad de Yale y autora del libro “Los espacios interiores: la sorprendente ciencia de cómo los edificios dan forma a nuestro comportamiento, salud y felicidad”, afirma que, ‘en términos de bienestar personal, es urgente – en esta reclusión autoimpuesta -, repensar los lugares en donde pasamos la mayor parte de nuestro tiempo, porque de ellos depende, nuestro equilibrio como seres humanos´.

Dicho de distinta manera: cada parte de ‘fuera’ que perdimos en el confinamiento y que urge y conviene recuperar a la brevedad – y con las medidas sanitarias que para el caso deban tomarse -; le da significado al espacio de ‘adentro’, que es como entendemos al equilibrio personal y al de la casa. La convivencia diaria con el exterior (amigos, compañeros, trabajo, actividades), otorga sentido a nuestro propio hogar.

El tiempo que todo lo cura, seguramente nos obligará a la adaptación a estas nuevas formas de cuidado personal, estilo y protocolo. Mientras logramos contener la emergencia sanitaria, no dejar la vida en cuatro paredes parece ser la respuesta acertada al bienestar que como personas, buscamos en tiempos de excepción.

Dr. Guillermo Legorreta Martínez*

*Director General de los Servicios Educativos Integrados al Estado de México (SEIEM)

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