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Cuando la ciencia exige la libertad de los “peores asesinos”

por Redaccion

De ser considerada “la peor asesina en serie de Australia”, Kathleen Folbigg, de 54 años, tiene muchas posibilidades de quedar en libertad luego de que hombres de ciencia y profesionales de la salud revisaron su caso a la luz de los descubrimientos más recientes, lo que desembocaría en una explicación plausible de la inocencia de la mujer en la muerte de sus cuatro hijos.

El conflicto de esta historia lo planteó magistralmente el periodista australiano Quentin McDermott, el pasado 12 de marzo, en la BBC News Mundo: “Imagina por un momento lo que sentirías si, siendo madre, dieras a luz a cuatro hijos, uno tras otro, cada uno de los cuales muere cuando son bebés por causas naturales, en un lapso de diez años”.

A principios de la década de 2000, el esposo de la señora Folbigg se puso en contacto con la policía después de leer el diario personal de su cónyuge, quien fue arrestada y puesta en prisión en 2003 por asesinar, presuntamente, a tres de sus hijos: Patrick Allen, de ocho meses; Sarah Kathleen,de 10 meses, y Laura Elizabeth, de 19 meses.

También fue acusada por el homicidio de un cuarto hijo, Caleb Gibson,de 90 días. Las muertes ocurrieron entre 1989 y 1999.

Pese a que la mujer siempre alegó inocencia y que los detectives no encontraron durante sus investigaciones pruebas definitivas de que los menores fueron asesinados, las autoridades actuaron bajo la presunción siguiente: “La probabilidad de que cuatro niños en una familia mueran por causas naturales es tan improbable que es prácticamente imposible”.

Las inconsistencias judiciales del episodio, aunado a la insistencia de la mujer de que sus hijos habían muerto por causas naturales y que era injusta la condena de 40 años de prisión a los que fue sentenciada, convocaron a 90 expertos médicos, incluidos dos premios Nobel, quienes aportaron su conocimiento para exigir la exculpación de Kathleen Folbigg.

Entre otros elementos que aportaron los médicos destaca el factor de que dos de las niñas padecían arritmia cardíaca, la cual se aceleró a causa de la medicación que se les recetó.

Dicha susceptibilidad, adujeron los hombres de ciencia, es propia de una mutación genética en un gen llamado CALM2.

Solo que las nuevas evidencias no han sido consideras por la corte.

José Luis Durán King

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