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Epidemia de violencia sexual

por Redaccion

Por primera vez desde que hay registros, Nuevo León rebasó las 3 mil denuncias por violencia sexual, o así lo reporta la Fiscalía General de Justicia del Estado para el 2020. De todo el país, es el estado número 3 en estos delitos y en los delitos contra la familia y la violencia familiar. Y eso es solo lo reportado. La Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana apunta a que en el último semestre de 2020, el 98.6% de los casos de violencia sexual en mujeres adultas a nivel nacional no se denunció o no se investigó.

Sin duda las estrecheces causadas por el covid contribuyeron a exacerbar el daño, pero no podemos culpar solo a eso; el emblemático machismo mexicano parece manifestarse en el recio norte en las garras de estafadores y depredadores que una y otra vez llegan vestidos de príncipes azules para acabar recetando madrazos físicos o emocionales a su entero gusto.

Hablando de ayer, el juez Garaufis le ordenó a Keith Raniere, como parte final de su proceso, pagar 3.46 millones de dólares a sus víctimas y la restitución de todo el material entregado como colateral y usado para chantajearlas. A Daniela Fernández, encerrada en un cuarto por casi dos años, le otorgaron 249 mil 200 mil dólares. A su hermana Camila, violada por Raniere a los 15 años, 507 mil 997 dólares. Y esto es solo la restitución del pasado juicio: falta que se le dé curso a la demanda civil que 80 víctimas, la mayoría anónimas, le fincaron no solo a él, sino a sus cómplices y facilitadores que incluyen a no pocas mexicanas: Daniela Padilla, Rosa Laura Junco —custodia final del colateral acumulado—, Loreta Garza y Mónica Durán.

Los quejosos describen lo vivido: que les ponían equipo para encefalogramas y los sentaban a ver, sin previo aviso, material gráfico extremadamente violento, dando como ejemplo la decapitación real de cinco mujeres en México, o que mantenían a las esclavas sexuales en una dieta de entre 500 y 800 calorías diarias con jornadas de trabajo de 16 horas y castigos corporales frecuentes. Los perpetradores mexicanos de estos horrores viven hoy libres y felices de este lado del Bravo. A ver si aunque sea en dinero, al final llegan a pagar algo.

@robertayque

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