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Y cuando votó, el techo seguía allí

por Redaccion

Quienes piensan que con la mitad de las curules en la Cámara de Diputados las mujeres acceden a la mitad del poder en esta instancia, no tienen una visión de conjunto de la dinámica parlamentaria. Mitad de las curules significa, sin duda, la mitad de los votos en los asuntos que se llevan al pleno. Con base en ello se determinan estrategias, se establecen alianzas, se lanzan negociaciones. Sin embargo, la votación conjunta de las quinientas diputaciones no es sino la foto final de un proceso en el que, sin duda, no todos los escaños tienen el mismo valor.

Para que la vida parlamentaria sea posible, la Cámara tiene que organizarse en diversos grupos y definir liderazgos internos. Entre otras cosas, para determinar cuáles son y en qué sentido se presentan los asuntos que son sometidos a votación.

La Junta de Coordinación Política es la instancia con el mayor peso específico dada su incidencia en los trabajos parlamentarios. Desde allí se programa el flujo de asuntos que llegan al pleno, se entablan las negociaciones y se nombran las presidencias de las comisiones ordinarias y especiales.

No obstante su relevancia para el devenir legislativo del país, su integración es un ejercicio que compete en exclusiva a la vida interna de los partidos políticos, toda vez que se compone por los liderazgos de cada una de las bancadas. Las reglas de paridad, por supuesto, no llegan hasta allí. Nadie puede pedirle, mucho menos exigirle a un partido político que considere a sus diputadas para esta misión. Y los resultados de ello están a la vista; muy pocas son las mujeres que en la historia han integrado la Jucopo y muchas menos las que la han presidido.

Con esta lógica tampoco sorprende que al nombrar presidencias de comisiones, esta instancia no se decante para las más relevantes por mujeres. Hay aún terrenos completamente vedados para el género femenino. Sin importar cuántas sean, ni qué comisiones integren, el acceso a los cargos directivos y con ellos al poder, siguen siendo terrenos áridos para las mujeres. Parecería que el techo de cristal no desaparece, sino que solo se recorre.

Politóloga*

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