junio15 , 2021

Una mamá con sazón y ganas de emprender: ‘Titita’ Ramírez de restaurantes El Bajío

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La cocina tradicional mexicana creada por Carmen Titita Ramírez ha deleitado a comensales de todas las edades por casi cinco décadas en la cadena de restaurantes El Bajío. Pero la historia de la emprendedora de 84 años comenzó por la tarea de sacar adelante a sus cinco hijos y el amor a los platillos de su madre de quien heredó la sazón.

Carmen Hernández Oropeza viuda de Ramírez Degollado, comenzó la aventura en un restaurante de Azcapotzalco, en Ciudad de México, que le dejó su esposo antes de morir; ahí vendían carnitas estilo Michoacán de donde era oriundo.

Carmen, mejor conocida como Titita, decidió mantener el legado michoacano, pero agregándole platillos de su tierra, Veracruz, los cuales aprendió de la mano de su mamá, su nana Amparo y su tía mamá Luz.

“Tengo 48 años de viuda, yo tenía 40 años cuando murió. Él fue quien hizo el restaurante y al momento en el que muere yo tengo que tomar las riendas del negocio, pero para mí la cocina siempre fue pasión, desde que vivía en Xalapa, Veracruz”, cuenta Titita.

“Todo lo que se prepara en El Bajío es lo que yo aprendí con mi mamá y con mi nana Amparo, eso fue lo que realmente me motivó además de mis cinco hijos que tenía que mantener y sacar adelante. Ha sido muy agradable y con mucho orgullo lo digo, que las mujeres somos muy trabajadoras, muy luchonas y nos enfrentamos a cualquier situación”, dijo en entrevista para MILENIO.

Fueron 34 años los que tardó Titita en llevar su sazón a los distintos rincones de la ciudad, cuando su hijo Raúl le propuso que abrieran más sucursales de El Bajío en Ciudad de México.

Fue así que en 2006 se abrió la primera fuera de Cuitláhuac, en el centro comercial Parque Delta, y de ahí se expandieron a distintos lugares emblemáticos de la capital como Reforma 222, Insurgentes, Polanco y Palmas.

“Vinieron a buscarme unos socios. Yo nunca estuve ofreciendo mi negocio porque no quería que se desvirtuara ni el sazón ni los ingredientes, era muy celosa en ese sentido. Pero llegaron dos socios con los que ha sido muy buena la relación y respetaron mucho todas las indicaciones que yo les daba. He ido a la cocina de todos los restaurantes y he valorado a todo el personal”, comentó.

Titita asegura que la cocina y sus hijos le han dado las más grandes satisfacciones, aunque reconoce que no fue fácil viajar por años del sur al norte de la ciudad para cuidarlos y del restaurante que empezaba a caminar desde temprano; sin embargo, su nana era quien se quedaba a cargo de sus hijos mientras ella salía a trabajar, “siempre rodeada de mujeres”, recalcó.

“No soy chef, soy cocinera”, dijo mientras soltaba una carcajada. Lo que más le gusta preparar son los pipianes que le enseñaron en Xalapa, así como el mole verde, pero lo que más se vende en las sucursales son las empanadas de plátano rellenas de frijol, e hizo hincapié en que todas las recetas que se preparan son las originales y “al pie de la letra”.

De sus hijos, Maricarmen, la mayor, fue la que heredó el sazón, y María Teresa, la más pequeña, es una reconocida repostera que cuenta con su propia marca y la receta original del pastel de ciruela de mamá Luz y una de sus nietas, Luz María, se convirtió en la encargada de la sucursal de Cuitláhuac y Raúl en el director general de la marca.

Además de la cocina, a Carmen Ramírez le gusta viajar, ir a exhibiciones de pintura y coleccionar el arte de forma “compulsiva” que ha ido heredando en vida a sus hijos, 12 nietos, cuatro bisnietos y unas gemelas que están en camino.

lvm

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